Un 13 de abril, hace 96 años, nació el político comunista Manuel Cepeda Vargas. Si estuviera vivo, estaría militando en el Partido Comunista Colombiano, periodista en el Semanario VOZ, luchando por alcanzar la paz y por la unidad de la izquierda.

Pero Manuel fue asesinado el 9 de agosto de 1994. Era senador de la República. Lo mataron cuando se dirigía al Congreso a debatir la adhesión de Colombia al Protocolo de Ginebra. La justicia nacional e internacional ha dicho con todas sus letras: fue un crimen de Estado, ejecutado por agentes estatales en coordinación con el paramilitarismo, en el marco del genocidio político contra la Unión Patriótica.
Mañana es 9 de abril, día de la memoria de las víctimas. En honor a esa memoria, hoy su nombre vuelve a ser atacado por la extrema derecha. Lo señalaron entonces como hoy señalan a su hijo, el también senador Iván Cepeda Castro. Esa es la misma lógica que usaron para estigmatizar a toda una fuerza política y justificar el genocidio contra la UP.
La verdad para la historia es que Manuel Cepeda fue un periodista revolucionario, un dirigente popular, un poeta, un pintor, un defensor de la clase trabajadora y del campesinado. Junto a Yira Castro formó un hogar basado en la justicia, y sus hijos Iván y María son el legado vivo de esa lucha.
Que la extrema derecha ataque hoy la memoria de Manuel Cepeda no es un exabrupto: es negacionismo frente a verdades ya juzgadas por la justicia interamericana. El sacrificio de Manuel y de miles de militantes de la UP no fue en vano. Vivimos un momento de cambio político que reivindica su lucha. Que la victoria de Iván Cepeda sea la derrota del miedo, de la impunidad y del odio. Por Manuel, por la verdad, por el pueblo.