El debate sobre el salario mínimo en Colombia ha evolucionado. Durante años, su cálculo se basó principalmente en inflación y productividad, priorizando el equilibrio macroeconómico. Sin embargo, el enfoque del salario vital propone una mirada distinta: calcular cuánto necesita realmente un hogar colombiano para vivir con dignidad.

El salario vital no se limita a compensar el aumento de precios. Parte del costo real de vida en el país: alimentación suficiente y nutritiva, pago de arriendo y servicios públicos, vivienda digna, salud, educación y otros gastos esenciales. Se fundamenta en datos oficiales y en estándares promovidos por la Organización Internacional del Trabajo y criterios de vivienda establecidos por ONU-Hábitat, colocando en el centro a la familia trabajadora.

Cuando el ingreso cubre lo necesario para vivir sin precariedad, se fortalece el hogar, se dinamiza la economía local y se construye estabilidad social. El bienestar del trabajador colombiano y sus familias no es un gasto: es inversión en paz social y desarrollo sostenible.

En conclusión, el pueblo trabajador debe defender aquello que mejor proteja su bolsillo y garantice el bienestar de su familia. El debate sobre el salario no es abstracto ni ideológico: es sobre comida en la mesa, techo seguro y futuro para los hijos. Lo que está en juego es la dignidad del trabajo en Colombia.