Bogotá ha sido durante décadas el reflejo de un modelo perverso: negocio para unos pocos, desigualdad para la mayoría. La campaña presidencial de Iván Cepeda y Aída Quilcué tiene una hoja de ruta clara para la capital. El representante a la Cámara por Bogotá, Gabriel Becerra, ha venido visibilizando y analizando el programa de gobierno del Pacto Histórico, destacando sus propuestas para transformar la ciudad desde sus raíces estructurales. El mensaje es contundente: el cambio nacional debe tener anclaje territorial, y Bogotá no puede seguir siendo gobernada por las mismas lógicas que han privilegiado el cemento sobre el agua, el negocio inmobiliario sobre el derecho a la vivienda y la especulación sobre la vida digna.

Frenar los desalojos y la gentrificación es el primer compromiso. Como lo ha señalado Becerra, la campaña propone que permanecer en el territorio sea un derecho garantizado. La iniciativa apunta a detener una de las dinámicas más crueles del desarrollo urbano neoliberal: el desplazamiento de comunidades enteras para dar paso a proyectos de alto costo que expulsan a los pobres del centro y los condenan a periferias sin servicios. En materia ambiental, la fórmula es igual de contundente: ordenar la ciudad alrededor del agua, no del cemento. Proteger humedales, la Sabana y la producción de alimentos será prioridad en la planeación urbana.

El costo de vida, uno de los principales dolores de cabeza de los bogotanos, también está en la mira. La campaña propone tarifas justas, mínimos vitales de agua y energía, e internet como servicio público esencial. «Vivir en Bogotá no puede seguir siendo un lujo», ha sido una de las frases con las que Becerra ha resumido esta apuesta. En transporte, la propuesta es fortalecer el metro y el sistema férreo, y avanzar hacia un sistema público accesible para todos, poniendo fin a las horas perdidas en transporte indigno. La economía popular será protagonista: abrir el Estado para los pequeños productores, fortalecer el trabajo digno y generar oportunidades reales en los territorios.

La salud y la educación serán derechos fundamentales, con más acceso y más cobertura en barrios, y una apuesta clara por lo público. La seguridad será integral: golpear las economías criminales, seguir la ruta del dinero y recuperar los territorios con la gente. El proyecto también es por las mujeres, las juventudes y la diversidad: más derechos, más oportunidades y una ciudad donde vivir sin miedo sea posible. Becerra resume lo que está en juego: «O seguir con un país para unos pocos o construir un país para la vida». Por eso, el 31 de mayo, votar por Cepeda y Quilcué no es solo una opción presidencial: es la decisión de transformar Bogotá desde la raíz.

22 de abril de 2026