«Nos quieren vender la guerra como si fuera seguridad», advierte la opinadora Eme del Castillo en un video que circula en redes sociales. La frase resume una de las grandes falacias de la derecha colombiana: que la violencia masiva, el sometimiento militar y la eliminación del adversario son el único camino para proteger a la ciudadanía. Pero Colombia ya vivió esa historia. Millones de víctimas, territorios devastados y una violencia que nunca se resolvió del todo son el saldo de décadas de imposición de una seguridad basada en la guerra, no en la vida.

El mismo video recuerda que el uribismo insiste en revivir esa narrativa, mientras ignora que la guerra cambió. Las viejas recetas de la seguridad democrática —que confundió oposición con enemigo y campesino con guerrillero— ya no sirven para enfrentar las nuevas violencias: economías criminales, disputas territoriales por minerales, control de rutas del narcotráfico. La concepción de seguridad también tiene que cambiar. No puede seguir siendo la misma que nos llevó a ser uno de los países más peligrosos del mundo para líderes sociales, defensores de derechos humanos y excombatientes.

La derecha insiste en vender miedo porque es el único capital político que le queda. No tienen propuestas para el empleo, no tienen soluciones para la salud, no tienen respuestas para la educación. Lo único que saben hacer es amenazar con que volverán los tiempos de las balaceras en las calles, de los falsos positivos, de los desplazamientos masivos. Pero el país ya no es el mismo. La gente aprendió que la guerra no es seguridad, que los soldados no son criminales y que los líderes sociales no son enemigos.

Hoy, la seguridad que necesita Colombia es integral: golpear las economías criminales, recuperar los territorios con inversión social, proteger a las comunidades, desmontar las redes de corrupción que financian la violencia. Eso es lo que propone el gobierno del cambio. La derecha, en cambio, sigue atrapada en el pasado, queriendo resolver los problemas del siglo XXI con las recetas fallidas del siglo XX. Por eso insisten en vender guerra como seguridad. Porque es lo único que saben hacer. Pero Colombia ya no compra ese cuento.